Capítulo 10

¡Posible atentado en Barcelona!

Barcelona ha amanecido hoy sumida en una terrible ola de violencia en distintos puntos y todo apunta a que es un ataque coordinado. De ser esto cierto, estaríamos hablando de un atentado terrorista en el que ya se conoce que hay numerosos fallecidos e infinidad de heridos. Casi dos años después, la bella ciudad de Barcelona vuelve a verse, desgraciadamente, salpicada por la violencia. A estas horas de la mañana, todavía se desconoce la autoría de este crimen, pero los distintos cuerpos policiales siguen trabajando para reducir a todos los criminales relacionados con este terrible atentado.

Periódico ABC, 29 de junio de 2019, a las 06:49 horas.

Pasaron casi un par de horas hasta que por fin abrieron partes de la mediana para que los coches que estaban atascados en dirección Barcelona pudieran dar la vuelta por el otro sentido de la autovía, que estaba totalmente despejado. Después de todo ese espacio de tiempo, las retenciones llegaban hasta Esparraguera. Más de treinta kilómetros de coches retenidos debido a los sucesos de la ciudad condal.

Durante esas dos horas, tanto Eva como Miquel estuvieron muy pendientes del móvil y sus computadoras para ver vídeos y para buscar información en las redes sociales o en los buscadores de noticias. Pero lo que más hicieron fue hacer miles de llamadas a sus superiores para recibir instrucciones de cómo proceder. Todos parecían estar desbordados. Tanto que les indicaban lo más fácil: una especie de libre albedrío. «Seguid las noticias de cerca», «si podéis entrar en la ciudad, entrad» o «seguid cualquier tipo de rumor», «estad pegados al teléfono» o «ni se os ocurra ir a casa o a las oficinas».

—El ABC es el primer medio en propagar que puede ser un atentado terrorista —musitó Miquel.

—Esos no tienen ni idea. No han visto los vídeos que corren por el WhatsApp por lo que veo. Han apostado a eso y esperan a que suene la flauta.

—¿Entonces qué crees que sucede? —preguntó Miquel.

—Yo me inclinaría más por una especie de secta, droga o enfermedad —explicó—. En los últimos atentados terroristas se ha seguido el mismo patrón: islamistas asesinando con cuchillos, furgonetas, ametralladoras, etc. En algunos vídeos me ha parecido distinguir personas de distintas nacionalidades o etnias. Por eso no me encaja que sea un atentado. Hay algo raro. Ni siquiera van armados.

Eva puso de nuevo Google para buscar en él sectas, drogas o enfermedades que conllevasen utilizar la violencia o que volviesen agresivos y violentos a sus consumidores. Encontró varios resultados, pero ninguno se ajustaba a lo que ella quería encontrar.

—Eva, ¿damos la vuelta? —preguntó.

—Vamos a quedarnos aquí un rato por si sucede alguna cosa más.

—Por ahora solo vemos helicópteros y aviones sobrevolando Barcelona.

—Puede que si esperamos un rato veamos más cosas —dijo ella—. Por lo que he leído, unos muros de esas medidas y materiales pueden soportar una fuerza de miles y miles de Newtons. Por lo tanto, esperan que puedan llegar grupos amplios de delincuentes aquí, y más cuando han traído más soldados, precisamente a estos muros.

—Sí, pero han colocado muros por todas partes y posicionado más soldados seguramente también. Eso es que no saben por dónde pretenden salir de la ciudad los supuestos agresores.

Miquel y Eva bajaron del todoterreno Nissan. Cerraron las puertas del vehículo y ambos se apoyaron en él. Eva se encendió un cigarrillo e invitó a otro su compañero. Mientras otros coches avanzaban para poder cruzar al otro sentido de la autovía, ellos estaban estacionados en el arcén más exterior de la vía con las miradas fijas en el cielo de Barcelona.

—Son demasiados helicópteros los que sobrevuelan Barcelona —comentó Eva después de dar una calada a su cigarro.

La ciudad y sus alrededores estaban repletos de helicópteros HN90 que sobrevolaban a muy baja altura. Ya con los primeros rayos de luz solar podían diferenciarlos bien. La gran mayoría de aeronaves de combate de color gris y negro estaban armadas hasta los dientes con ametralladoras en los laterales. Aunque no veían a ninguno de ellos abrir fuego. Solo parecían atentos a lo que sucedía en Barcelona.

Para los periodistas la situación era desconcertante. A pesar de la cantidad de vídeos y fotos recibidas en sus móviles y ordenadores, no se escuchaba ningún disparo que proviniese del interior de la ciudad. Y en algunos de esos vídeos sí que habían visto abrir fuego a las autoridades.

—Creo que esperar aquí es una pérdida de tiempo, Eva.

Eva no contestó y siguió observando su entorno, pensando en mil cosas mientras se terminaba el cigarrillo.

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